Este proyecto es un homenaje al momento en que floreció en mí el amor por la fotografía y descubrí una vocación que no sabía que tenía, y fue gracias a la aparición en mi vida de mi hija.
PROLÓGO:
La maternidad me sacudió cómo una buena bofetada.
Todo había ido bien durante el embarazo, y tuve un buen parto, pero la emoción de los días en el hospital, no me dejó pegar ojo ni un solo instante en 48 horas. No fui capaz de aprovechar aquellos intervalos de tres horas entre tomas para descansar. Sólo fui capaz de observar a mi bebé sin descanso, era una emoción muy fuerte.
Cuando llegué a casa el primer día, estaba deseando pillar la cama, agotada. Fue en ese preciso instante cuando me di un buen baño de realidad. No dormiría más de hora y media seguida durante el primer mes y medio. Después se alargaría paulatinamente, pero muy poco a poco.
Eso, junto con otros inconvenientes relacionados con el puerperio, hizo que la felicidad pasara a ser agotamiento extremo, y el agotamiento, desánimo.
Yo pretendía seguir con el ritmo de vida que conocía, la casa perfecta, la comida hecha, todo lo que para mí era imprescindible. Me di cuenta de que no podía.
Me costó mucho aceptar la pérdida de independencia, ya no podía salir a la calle sin sentirme agobiada por la carga contínua de mi pequeña, acompañada de su montón de enseres.
Todo eso duró unos meses, pero por suerte, esa fatiga se fue aliviando con el paso de los días, y todo se fue amoldando a la nueva situación. La casa, y nosotros mismos, le fuimos cediendo cada vez más espacio a esa nueva personita, y poco a poco nos fuimos transformando en una familia.
Todo ese esfuerzo se ha convertido en mi rutina, y ya no sabría vivir sin ella.
Francesca llegó para revolucionar nuestro hogar y conquistar nuestras vidas.

Autora del montaje: Marta González.

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